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DESCUBRIMIENTO Y CONFLICTO POR SIERRA MOJADA
SIERRA MOJADA

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Un agradecimiento a la Mtra. Gabriela Román Jáquez por autorizar parte de su obra Del Aguanaval a Sierra Mojada Primera edición 2001, así como a la Mtra. Martha Rodríguez García, Directora del Centro de Estudios Sociales y Humanísticos, A.C. (CESHAC)



En 1878 Néstor Arreola, junto con sus socios Ignacio y Florencio Ibarra y Antonio Lorenzana todos vecinos de Mapimí, encontraron una veta de plata en Sierra Mojada. Arreola desconocía a donde pertenecía dicho territorio, por lo que denunció la mina ante el juez de Mapimí. Lo anterior provocó el interés del gobierno de Durango, ante las grandes riquezas mineras que suponían existían.

El territorio había sido explorado por primera vez en el siglo XVII, pero permaneció como refugio de indios nómadas hasta la década de 1870. En 1864, una expedición partió de Monterrey a explorar el territorio y encontró a un indio vendiendo balas de plata a cambio de barajitas, lo que llamó la atención de los mineros de Mapimí. Hacia 1878, José María Garza Galán expulsó a los indios que incursionaban en dicha región, sólo entonces fue posible la explotación de Sierra Mojada.

Pronto se inició la colonización de Sierra Mojada y las autoridades de Coahuila fundaron una villa en agosto de 1879, con el fin de detener al juez de Mapimí que, desde marzo de ese año, estuvo autorizando los denuncios de minas descubiertas. Hipólito Charles, entonces gobernador de Coahuila, comisionó a Luis G. Sánchez la organización de la producción minera en Sierra Mojada, para evitar infracciones y proteger los intereses del estado.

No obstante ello, el juez de Mapimí continuó legalizando los denuncios de minas, a pesar de la presencia de las autoridades de Coahuila y de que Sierra Mojada estaba incorporada al distrito de Monclova. La presencia de las autoridades coahuilenses provocó que el Congreso de Durango solicitara la intervención del ejecutivo federal, para que administrara el territorio mientras estuviera en disputa.

Para 1879, la fama de Sierra Mojada se había extendido hasta los Estados Unidos. Mineros norteamericanos como Juan Willet y Juan H. Mears también estaban interesados en invertir en el mineral. Willet en una carta a Mears señaló que un minero californiano de apellido Parrish, se encontraba dispuesto a abandonar San Antonio, Texas para trasladarse a Sierra Mojada, porque estaba seguro de que dicha sierra era una montaña de plata. En la misiva se mencionaba también la migración de gente de Durango, Parral y Chihuahua al mineral. Willet afirmaba que el gobernador y el licenciado Miguel Cárdenas su secretario, me han asegurado toda clase de garantías y protección y que Evaristo Madero era propietario de la mina llamada Jesús María que tiene 40 yardas de ancho en su veta.



LA INTERVENCION DEL GOBIERNO FEDERAL

Días antes de que el presidente Díaz estableciera el territorio federal de Sierra Mojada, Pedro Ornelas, cónsul de México en San Antonio Texas, escribió a Charles, advirtiéndole la gran publicidad de las minas de Sierra Mojada en los Estados Unidos. Ornelas estaba seguro que un gran número de nortamericanos emigrarían al mineral en poco tiempo. Sabía que se dirigían hacia Coahuila varias caravanas de entre cinco y diez personas cada una y señalaba que entre trescientas y cuatrocientas personas personas habían salido de San Antonio hacia Sierra Mojada. En Galveston, Austin, San Diego y Dallas se estaban organizando compañias para explotar Sierra Mojada y ya se encontraban en camino sus agentes exploradores a fin de averiguar la situación en el mineral. El cónsul Ornelas se mostró preocupado, porque si todo eso era cierto en menos de seis meses habrían emigrado más de 10 mil texanos a Coahuila.
Ornelas recomendó a Charles que el gobierno de Coahuila elaborara una guía sobre Sierra Mojada, que abarcara todos los aspectos y dificultades para evitar una visión exagerada de las riquezas de Sierra Mojada.

Después de algunos intentos de arreglar el conflicto entre Coahuila y Durango, el 29 de septiembre de 1879 el Congreso de la Unión aprobó en sesión secreta, una iniciativa del ministerio de Gobernación, para instituir un territorio federal en Sierra Mojada, así como en la Sierra de Rosales. Posteriormente, Porfirio Díaz argumentando motivos de interés nacional expidió, el 10 de octubre de ese mismo año, el decreto presidencial que estableció el territorio federal en Sierra Mojada: mientras se arreglan definitivamente los límites de los estados de Coahuila, Durango y Chihuahua, el ejecutivo de la Unión organizará interinamente todos los ramos de la administración pública... con sujeción a las leyes que rigen en el territorio de Baja California.

El ministro de Gobernación explicó a Charles los motivos que obligaron a Díaz a tomar dicha medida. El ministro destacó la cuestión de que los denuncios de minas ante autoridades de diversos estados originaría múltiples litigios que posiblemente perturbarían la paz pública, ya que no estaban definidos los límites entre los tres estados. También se argumentó que la soberanía nacional estaba en juego, ya que Sierra Mojada atrajo la atención de numerosos mineros norteamericanos lo que podría provocar un nuevo enfrentamiento con los Estados Unidos. Era necesario establecer un destacamento militar permanente en la zona para protección del territorio. La existencia de una villa y el reconocimiento del territorio como parte del distrito de Monclova no eran suficientes. Díaz sabía que las medidas tomadas por las autoridades de Coahuila no aseguraban la soberanía nacional y la paz pública en el mineral, ante una posible intervención norteamericana.

El gobierno federal estaba dispuesto a fomentar la colonización de Sierra Mojada con mexicanos, y de esa manera convertirlo en una fuente de ingresos para el erario y para fomentar el comercio y el orden público. También Díaz temió que la intervención de varios estados en Sierra Mojada llevara a una mala aplicación de las leyes... y que un estado se impusiera más que el otro, por eso declaró provisionalmente territorio federal a Sierra Mojada y envió al general Francisco Zerega a administrarlo.


CHIHUAHUA EN EL CONFLICTO

Las autoridades federales buscaron incorporar los ranchos de Jaco y Palomas Negras al territorio federal de Sierra Mojada. El 20 de enero de 1880 el Congreso de Chihuahua protestó formalmente por el establecimiento del territorio federal y por la invasión de poblados chihuahuenses ejecutada por el jefe político y comandante militar de Sierra Mojada. A raíz de ello se formó una comisión de límites entre Durango y Chihuahua. Por primera vez asistió Miguel Zubiría y por el segundo Alejandro Bagies, pero no llegaron a un arreglo definitivo. El límite entre ambos estados continuó siendo el sur de la hacienda de Río Florido, fijado desde julio de 1826.

Para las autoridades de Coahuila, Chihuahua era un posible aspirante a la posesión de la Sierra Mojada. No así Durango, porque el mineral estaba lejos de la zona limítrofe.

En febrero de 1880, la comisión de Coahuila, integrada desde el año anterior, partió a la ciudad de México para llegar a un acuerdo definitivo con los comisionados de Chihuahua y Durango. Por Chihuahua asistió el general Luis Curiel.

En marzo de 1880, el presidente Díaz suspendió el territorio federal. El 23 de ese mes el general Francisco Zerega entregó Sierra Mojada al jefe político de Monclova y al juez de la villa Marcial Zapata. La bonanza había durado solo un año. Las autoridades federales reconocieron la escasez de plata en el mineral por lo que dejaron de invertir en la Sierra Mojada.

El 20 de abril de ese mismo año, el Senado de la República derogó el decreto del 10 de octubre de 1879, restituyendo a Coahuila la Sierra Mojada y a Chihuahua la Sierra de Rosales porque la situación política en que actualmente se hayan, demuestra ser innecesaria la intervención federal en sus parajes y por último al respecto que al mismo ejecutivo le inspiran la soberanía e integridad de los estados de la federación lo han determinado a suspender los efectos del 10 de octubre.

Para el Congreso de Coahuila, este hecho era un triunfo ante las autoridades federales y ante el estado de Durango. No obstante, para agosto de 1880, el alcalde de Sierra Mojada solicitó al Congreso local que la jefatura política de Monclova no desapareciera, porque era la autoridad más cercana al mineral, después de la retirada del ejército federal temía una ocupación del gobierno de Chihuahua, pues éste insistía que Sierra Mojada era de su jurisdicción.

La gran expectativa de riqueza que despertó Sierra Mojada pronto declinó. En pocos años la producción de plata alcanzó su máxima producción, para convertirse posteriormente en un centro productor de metales industriales. Esto explica que los estados de Durango y Chihuahua no hayan continuado en su lucha por anexar el mineral a su respectivo territorio. Asimismo, el gobierno federal comprendió la escasez de plata y por eso la suspensión del territorio federal de Sierra Mojada y el reconocimiento oficial de que dicho territorio pertenecía a Coahuila.

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